Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de abril de 2015

AFRONTAR EL FIN DE CURSO

Llega el final de curso y a nuestros alumnos les embargan sentimientos contradictorios. Por una parte la alegría de acabar pronto; por otro, la ansiedad de tener poco tiempo para hacer todo lo que queda por hacer y terminar bien.
¿Cómo enfrentarse a ello?
Lo primero, no importa que quede poco tiempo. Importa emplearlo bien.
-No existe lo imprevisto -respondió sencillamente Phileas Fogg.-¡Pero, Míster Fogg, ese transcurso de ochenta días sólo está calculado como mínimo! -Un mínimo bien empleado basta para todo.
JULIO VERNE. La vuelta al mundo en ochenta días.


¿Qué se puede y se debe hacer para aprobar el curso? 
Aquí van algunas herramientas útiles para terminar el curso con éxito

Buena planificación
  • Hay que establecer prioridades. Si es necesario se pide ayuda a los profesores, a compañeros que sabes que tienen claro qué es lo fundamental, qué te falta por entregar, etc.
  • Gestionar bien el tiempo real del que se dispone. Ello ha de permitir que tengas momentos de descanso y para atender otras facetas importantes de tu vida (deporte, familia, amigos, meditación) y que tendrán efecto positivo en el rendimiento académico siempre que no abuses y distribuyas bien el tiempo.
  • Utilizar buenas técnicas de estudio que te harán optimizar el tiempo y asimilar mejor los contenidos de las diferentes materias. En los enlaces de este blog tienes algunas páginas que te pueden servir de ayuda sobre este tema. 
Buena disposición
  • Saber que el esfuerzo tendrá su recompensa.
  • No dudar, puedes aprobar el curso.
  • Resolver las dudas que tengas es fundamental para tener éxito. Pide ayuda a quien corresponda. No se trata de pensar que vas a aprobar sin más, sino de saber que con tu trabajo llegarás a la meta.
Constancia
  • Mantener el esfuerzo hasta el final. Los estudios son una carrera de fondo.
  • Cumplir lo que me he propuesto.
  • Aprender de los errores. Que hayas hecho cosas mal es una suerte porque uno aprende equivocándose; ahora puedes probar una estrategia mejor.
  • No permitir y no creer a quien dice que no se puede conseguir. Si pones empeño y no te rindes lo conseguirás.
  • Recordar cuál es el objetivo final. Cuando llegue el cansancio o no estés disfrutando con una tarea concreta, acuérdate de las recompensas que vas a alcanzar cuando hayas conseguido lo que pretendes a largo plazo. En el corto plazo, puedes pensar que al término del tiempo de estudio que te corresponda ese día tendrás tus momentos de esparcimiento porque así lo has planificado.
Alegrarse de los éxitos logrados
  • Grabar cómo se consigue el éxito. Recuerda cómo has conseguido el aprobado y cómo te ha hecho sentir ese logro.
  • Aplicar los procedimientos que me llevan aprobar en el futuro.
Padres y docentes, si consideráis que esto puede ayudar, compartid con vuestros hijos y alumnos.

domingo, 12 de abril de 2015

¿CULPABLES, INOCENTES O RESPONSABLES?

En esto de la educación parece que cuando hay fracaso o dificultades, es más fácil buscar culpables que soluciones. Escuchamos a los principales agentes educativos quejarse y echar la culpa de todos los males a la otra parte: los padres a los profesores, los profesores a la administración, la administración a los profesores, los profesores a los padres, los padres a la administración… y así hasta el infinito. Seguro que todas las partes tienen razón. De hecho, hace tiempo apareció en prensa un artículo cuyo autor lamentamos no recordar, pero que decía algo así como que la situación de educación que reciben los estudiantes de nuestro país es responsabilidad de la sociedad entera. Nuestros jóvenes, sus fortalezas y sus carencias, la manera en la que estudian o no estudian, las excusas que utilizan, son reflejo de la sociedad en la que viven. Todos tenemos que implicarnos en ella o fracasará. Para educar a un niño hace falta la tribu entera, reza el proverbio.
Algunos compañeros docentes, a propósito de este blog que escribimos, expresan su disgusto porque creen que les desprestigia —todavía más— que se nos sugieran nuevas ideas, cosas que podemos hacer en sus aulas. Dicen que es admitir que lo estamos haciendo mal, que es cierto que somos unos vagos  y que, por eso, la educación fracasa. Nada más lejos de nuestra intención.
Somos héroes todos los que sobrevivimos al primer curso como docentes, de igual modo que lo somos los padres que sobrevivimos al primer año de vida de nuestros hijos. Y, luego, vienen todos los demás… La única ventaja que tienen los años posteriores es que ya no los tenemos esa idea romántica de la enseñanza o de la paternidad, pero pueden presentar más dificultades que el primero en muchos aspectos y también los vamos superando.
Ello no significa que todo lo hagamos bien, que no podamos aprender, que no nos tengamos que fijar en los nuevos descubrimientos científicos o pedagógicos para adaptar nuestra manera de enseñar. Todo lo contrario.
Profesores y padres, fijémonos bien en nuestras fortalezas y en nuestras debilidades; observemos conscientemente cuáles de nuestras actuaciones diarias funcionan con nuestros hijos, cómo les hemos enseñado a hacer eso que funciona tan bien en casa o en el aula y, a ser posible, compartamos para que otros se puedan beneficiar también; veamos qué nos funciona con algunos estudiantes y con otros no; reflexionemos sobre aquello que podemos mejorar, o aquellas cuestiones sobre las que nos podemos informar y probar.

Se trata de trabajar mejor,  no de trabajar más. Asumir nuestra parcela de responsabilidad y trabajar en ella con ganas. Y, por supuesto, exigir a nuestros estudiantes que aprendan a responsabilizarse ellos.