Para José Antonio Marina, tal y como explica en su libro Los secretos de la motivación,
motivación = deseo +
valores, incentivos + facilitadores de la tarea
El primer paso de la educación trataría de fomentar en el
alumno la motivación y, para ello, habría que incidir en alguno o en todos los
elementos mencionados.
Pongamos un ejemplo. Un alumno de 2º de ESO en la asignatura
de Lengua Castellana y Literatura tiene que aprender y reconocer los
complementos que aparecen en un predicado. Para motivarlo puedo incidir en el
deseo de aprender, de aprobar la asignatura, de desarrollar su capacidad
lógica, de sentar las bases para cursos posteriores, de mantener sus buenas
notas o de mejorar las que tiene. Además, puedo ofrecerle algún incentivo como un
positivo que mejore la nota final por cada ejercicio de sintaxis que traiga
bien resuelto, la posibilidad de eliminar la parte de sintaxis para siguientes
exámenes una vez esté aprobada, la participación en un concurso de análisis
sintáctico con alumnos de otras clases. Los facilitadores de la tarea pasan por
ofrecer ejercicios que estén dentro de la capacidad de análisis y comprensión
de los alumnos sin que les resulten demasiado sencillos, crear un sistema de
análisis guiado a base de pasos que muestre lo fácil que puede ser el trabajo,
formar grupos cooperativos para que unos alumnos expliquen a otros cómo consiguen
ellos analizar las oraciones.
Podríamos seguir poniendo ejemplos, seguro que cualquier
docente que esté leyendo esto tiene cientos para compartir (no nos vendría nada
mal que no hicierais).
Y los padres, ¿cómo lo hacen? En cuanto a los deseos, nos
valen los ejemplos anteriores. Para los incentivos, ellos saben bien cuáles son
los que cada uno puede ofrecer a sus hijos según sus preferencias. Los
facilitadores en casa pueden ser: un lugar adecuado para estudiar y trabajar,
un ambiente que favorezca la concentración, echarle una mano en la medida de
nuestras posibilidades, recordar aquellas técnicas que a nosotros nos valieron
para aprender esos contenidos…
A veces, parece muy complicado y otras muy simple. En muchas
ocasiones la motivación que podemos ofrecer a nuestros alumnos e hijos es una
palabra de ánimo, el reconocimiento de un trabajo bien hecho, explicarles que
los errores son la mejor manera de aprender en lugar de sancionarlos, nuestro
propio entusiasmo.
Seguiremos dando pautas sobre este tema.
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