¿Qué clase de docente soy? ¿Qué clase de docente quiero ser?
La primera cuestión es importante, la segunda es fundamental.
Dicen los manuales (MAGAZ y GARCÍA, 1998) que los estilos docentes pueden
ser: sobreprotector, asertivo, punitivo e inhibicionista. Veamos un resumen:
- El docente sobreprotector
tiende a pensar que es totalmente responsable del desarrollo del alumno.
Aportan todas las soluciones y ofrecen todas las pautas de trabajo y
comportamiento en cada momento. Esto no favorece la autonomía del alumno
porque lo considera ignorante e inexperto. Tampoco genera buena autoestima
en el alumno porque cree y transmite que es débil. Ello puede afectar
también a las habilidades sociales.
- El docente asertivo es
consciente del esfuerzo que tiene que realizar un alumno para alcanzar los
aprendizajes. Entiende que el aprendizaje se basa en la adquisición de
habilidades previas y que requiere su tiempo. Busca el equilibrio, da
importancia a la responsabilidad del alumno, a su libertad, a la funcionalidad
y al optimismo. Elogia el buen hacer del alumno de manera que lo convierte
en hábito. Por ello, sus alumnos se interesan por su propio aprendizaje,
son más autónomos y desarrollan mayor confianza en sí mismos.
- El docente punitivo establecen
unas normas y no permiten errores en su cumplimiento porque creen que es
obligación del alumno acatarlas. No valoran el esfuerzo o los pequeños
logros porque son obligaciones. En este caso los alumnos pueden tener un
bajo autoconcepto por las críticas recibidas y sufrir ansiedad.
- El docente inhibicionista cree
que el docente no debe poner impedimentos al aprendizaje por experiencia
del alumno. Cree en la capacidad de cada alumno para desarrollarse y
aprender por su cuenta con normalidad. Aunque los alumnos que han hecho
descubrimientos personales interesantes desarrollan una alta autoestima,
la mayoría tienen problemas de seguridad en sí mismos y buscan referentes.
Quizá, si eres docente y estás leyendo esta entrada, te sentirás
identificado con alguno de estos estilos o con varios. Creo que lo importante
es lo siguiente: ¿qué docente quiero ser?
Es posible que la respuesta a esa pregunta no case con ninguno de los
estilos que aquí se han descrito, pero tratar de averiguar qué docente soy
ahora puede ser el comienzo para ver cuáles son mis puntos fuertes y dónde
puedo mejorar. Cuáles son los cambios que puedo realizar en mi trabajo para
cumplir los objetivos que tengo.
Cuidado, se trata de ser objetivos. Tenemos que ver qué se puede mejorar,
pero también de fomentar todas aquellas cosas que hacemos de forma excelente y
aquellas que hacemos de forma aceptable pero que funcionan (seguro que son
muchas).
¡Ánimo!
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