Hoy proponemos que miréis a vuestro alrededor. Centrémonos en el lugar donde trabajamos. Si eres docente, el aula, el departamento, el lugar de casa donde te preparas las clases o corriges; si eres estudiante, observa también tu aula y, especialmente, el lugar de casa donde sueles estudiar o hacer tus tareas para clase.
Dediquemos un minuto a observar aquellos objetos que tenemos en esos espacios. Fijémonos en el efecto que cada uno de ellos nos produce. Qué recuerdos nos trae cuando lo miramos, qué sensaciones físicas nos provoca, si cambiamos nuestra postura...
Las percepciones pueden ser positivas o negativas. Los objetos que tenemos alrededor pueden sacarnos una sonrisa (la foto de nuestros hijos), hacernos sacar pecho porque nos recuerden un momento en que nos sentimos orgullosos de nosotros mismos (un trabajo bien realizado, un premio), o bien, hacernos sentir un desastre (una pila de papeles desordenados).
La segunda parte de la tarea es muy sencilla: una vez identificados los objetos que me hacen bien y los que me hacen mal, deshacerme de lo negativo. De este modo, mi lugar de trabajo será un lugar en el que quiera estar, un lugar cargado de energía positiva, un lugar para el optimismo.
Y nos atrevemos a más: añade objetos de todo tipo que sepas que tanto a ti como a las personas que te rodean os van a beneficiar en el estado de ánimo.
Esta pequeña tarea adaptada de los ejercicios de PNL (programación neurolingüística), también es motivación.
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