En las aulas no disponemos de mucho tiempo si queremos
terminar los temarios que se nos plantean. Los profesores tenemos una
responsabilidad para con nuestros alumnos y queremos que lleguen lo mejor
preparados que pueda ser. Nos disponemos entonces con todas nuestras fuerzas a
explicar y preparar actividades diversas para conseguir que los estudiantes
alcancen un nivel adecuado para su edad y que les permita seguir con holgura
las exigencias de los cursos siguientes. Y nos desesperamos cuando un grupo o
un alumno se niegan a estudiar una determinada asignatura o una parte de ella
porque no le gusta o no le ve utilidad. Algo parecido les ocurre a los padres.
Hemos comprobado que, en muchas ocasiones, “perder” un poco
de tiempo en explicarles en qué consiste nuestra asignatura, para qué sirven
los conceptos que les vamos a exponer y que van a tener que trabajar y
memorizar, mostrarles experiencias prácticas laborales, aplicaciones, etc. les
ayuda a sentirse más motivados. Es fundamental que los alumnos vean así por qué
tienen que estudiar o practicar una determinada materia. Además, es magnífico si esto se ve reforzado desde casa.
Al final, todos ganamos tiempo y buen humor.
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